Una empresa ordenada

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(mi columna de La Capital)

Todos tuvimos uno de esos compañeros en el colegio. Esos que disponían sobre el pupitre el cuaderno, la lapicera, los lápices y la goma en perfecta simetría y con la precisión de un arquitecto. Sí, me refiero a los chicos ordenados. Guillermo López Ruf era posiblemente uno de ellos.

Él mismo confiesa que tiene esa tendencia innata al orden. Una tendencia que, junto a un espíritu emprendedor, hizo que en 2003 se le ocurriera crear una empresa junto a su madre, para “capitalizar esa actitud”. ¿Cómo lo hicieron? Les tomó dos años pero crearon Clerk, una firma que se dedica a organizar y armar archivos.

 Hace muchos años que existen empresas que ofrecen el servicio de guarda de papeles. Aunque parezca contradictorio la revolución informática no nos condujo hacia “la oficina sin papeles”, como prometía, sino que la sencillez y el bajo costo de imprimir documentos en una computadora produjeron una explosión de papel en las oficinas.

Pero el servicio de Clerk no se limita a una pasiva guarda de papeles, sino que van al lugar (fábrica u oficina), lo ordenan, clasifican los documentos y desarrollan la metodología para que en el futuro encontrar el papel que se busca sea verdaderamente sencillo. De hecho, desarrollaron toda una tecnología para su trabajo, que incluye un software específico y hasta el diseño de cajas especiales que pueden almacenar hasta 15 kilos de papel.

Desde que se lanzaron en  2005 han clasificado más de 42 millones de hojas y llevan facturados más de $500.000. Pero lo que está detrás de ese éxito es, en mi opinión, la suma de dos factores:

1-      Una habilidad específica, que el emprendedor reconoce en sí mismo

2-      Una necesidad en el mercado que se corresponde con esa habilidad y que el emprendedor también ha descubierto

Cuando se reúnen esos dos componentes, comienza la magia. Un chico ordenado en un mundo desordenado: ¿porqué no aprovecharlo?

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