William Kamkwamba: el chico que no se rendía

William Kamkwamba

el chico que no se rendía
Esta es una de esas historias que cuesta creer cuando te las cuentan.  Esta es la historia de William Kamkwamba, un chico de Malawi que tuvo que dejar la escuela secundaria en 2002 en medio de una de las peores sequías y hambrunas en la historia de su país.

William no se resignó a ese destino de comer sólo tres bocados en la cena y esperar a que la sequía terminase. Comenzó a buscar en la biblioteca libros que le enseñaran cómo resolver sus problemas, libros de física, principalmente.

Como no sabía inglés, al comienzo sólo se guiaba por las ilustraciones y trataba de comprender a partir de ellas las palabras que había alrededor. Un día llegó a sus manos un libro que decía que un molino de viento podía bombear agua y generar electricidad.

Si lograba bombear agua del subsuelo eso significaría la posibilidad de riego y el fin de las privaciones. La idea sonaba bien, pero William no sólo desconocía cómo construir un molino, sino que tampoco tenía los materiales ni las herramientas.

Todos lo tachaban de loco, incluso su madre, pero él estaba decidido y buscó entonces en el único lugar que podía encontrar lo que necesitaba: un depósito de chatarra. Separó un cuadro de bicicleta, algunos tubos de PVC, el ventilador de un tractor, un dínamo en desuso y un amortiguador.

Poco tiempo después lograba poner en marcha la primera luz (una sola lamparilla) con su flamante molino. Luego fueron cuatro y finalmente una pequeña instalación eléctrica. El agua comenzó a irrigar los campos y los vecinos a hacer cola frente a su casa para cargar sus teléfonos celulares.

La prensa se hizo eco, luego los blogs y con ellos llegó un día una invitación de TED. El día de su presentación William, frente a un colmado auditorio olvidó todo su inglés. Estaba asustado y tenía ganas de vomitar. Sólo atinó a decir: “Lo intenté. Y lo conseguí”.

Dos años después dio otra presentación y completó la historia que quiso decir esa primera vez. “Quisiera decir algo a la gente allí afuera. A los pobres, a los africanos como yo, a los que luchan por sus sueños: Dios los bendiga. Tal vez algún día vean esto en Internet. Yo les digo: confíen en sí mismos y crean. No importa lo que pase, ¡no se rindan!”

Esta es una de esas historias que cuesta creer, salvo que te las cuente el protagonista. Cuando eso sucede se transforma en una historia capaz de inspirar y emocionar. Hace algunos años se hubiese dicho que era el triunfo del espíritu humano, o algo por el estilo. Se podrían decir muchas cosas, pero yo sólo diría: lo intentaste y lo conseguiste, William.

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