Lo que me enseñó Paul Potts

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Esta es mi columna para La Capital del próximo domingo:

Paul Potts era un tímido vendedor de teléfonos celulares del sur de Gales. Un hombre sencillo e inseguro que amaba la música. De hecho, su sueño era vivir haciendo eso que él creía que había nacido para hacer: cantar ópera.

En Febrero de 2007 ingresó a la versión británica del reality show American Idol (llamado Britain´s Got Talent), y apenas salió a escena en su primera presentación en Cardiff le preguntaron para qué estaba allí. “Para cantar ópera”, fue su respuesta.

Dos de los tres jurados intercambiaron miradas cómplices y escépticas mientras el tercero, el famosamente cruel Simon Cowell, se cruzaba de brazos reclinándose en la silla, a la espera de su momento para maltratar al participante.

 No pudo darse el gusto. En los primeros diez segundos de su interpretación de Nessun Dorma, Paul ya había despertado ovaciones de pie en el público, lágrimas en el jurado y una expresión de asombro inolvidable en Cowell.

“La confianza siempre ha sido un problema para mi”, había declarado Potts antes de salir a escena, “siempre me ha resultado difícil confiar en mi mismo”. Quizás por eso vendía celulares en lugar de discos. Quizás lo mismo pensó Simon, que le dijo sorprendido: “¿Vendés celulares y sabés hacer esto?”.

Pocas veces he visto una escena tan conmovedora e inspiradora como el video de la presentación de Paul, que puede encontrarse en You Tube (si no lo vieron, por favor háganlo). Y he decidido que lo voy a usar como caso en mi trabajo, por la simple razón de que emprender es ni más ni menos que lo que hizo Paul: buscar todo el tiempo cómo vivir haciendo lo que creemos que nacimos para hacer. Se trata de buscar y, eventualmente, de encontrar.

Paul nos enseñó dos cosas:

1-      Que la falta de confianza puede hacer que vendamos celulares, cuando lo que queremos es cantar (o viceversa, da lo mismo).

2-      Que si la pasión es lo suficientemente fuerte y genuina, logra superar cualquier falta de confianza. Logra que un hombre tímido se enfrente a 2000 personas, cámaras de televisión e inclusive a Simon.

Paul ganó el concurso. En Julio lanzó su CD One Chance, que alcanzó el primer lugar en ventas en el Reino Unido. Ya no vende celulares.

3 pensamientos sobre “Lo que me enseñó Paul Potts”

  1. No hay punto en cantar nessum dorma más allá de necesitar hacerse fuerte.

    Esa actitud no denota madurez alguna.

    Y quien determina lo que nacimos para hacer? Gente como Simon? Vos podés afirmar que Paul está feliz haciendo esto? Que haber ganado el concurso cantando nessum dorma y habiendo emocionado a las cámaras de TV lo hace feliz? Yo no creo que eso sea suficiente.

    La historia de nueva cinderella de Paul Potts no me impresiona. Y capaz era más feliz vendiendo celulares. Ja.

  2. Mariano, el que sabe lo que nació para hacer es uno mismo, no Simon. Este tipo (Paul) estudiaba canto en Italia cuando a Simon ni lo conocía. Yo no puedo afirmar si Potts está feliz, aunque parecía feliz en el concurso. Como era ese dicho? si tiene cuatro patas, cola de vaca, cuernos de vaca y muge, debe ser una vaca. Para mi, si buscó durante años esto y dice que era lo que quería, supongo que es muy probable que sea feliz.
    De todas maneras la moraleja es: lo buscó tanto que lo encontró…
    Y si era más feliz vendiendo celulares… que vuelva 🙂

  3. Esa idea del “serás lo que debas ser o no serás nada” es útil para las guerras y para unificar las naciones en pos de objetivos perversos. Satisfacer un rol por sobre todas las cosas ha sido útil para preservar castas e inmovilizar a Oriente pero en cualquier caso, no se condice con las ideas de innovación y dinámica.

    Las nuevas herramientas tecnológicas nos permiten salirnos un poco de ese cliché, nos permite a todos ser un poco fotógrados (flickr), un poco escritores (wordpress), un poco cineastas (youtube), un poco pintores (deviantart) y nadie puede decir (ni siquiera nosotros) que hayamos nacido para alguna de esas actividades.

    Cuando sos chico, y te ven haciendo un autito, siempre hay alguno que dice “va a ser mecánico”. Al rato, estás dibujando, y alguien dice “va a ser un picasso”. Luego, si estás haciendo una suma en voz alta exclaman “le falta poco para einstein al pibe!”. Si ven a la nena bailar, dicen que va a ser Madonna. Esas expresiones derivan del miedo a no pertenecer, a no ser Madonna, a no ser Einstein, a que la sociedad no los acepte. Esos mismos adultos son los que luego bloquean los canales creativos del niño/niña a través del terror, asegurándose de que nunca desarrolle su madurez.

    El caso de Paul Potts es tal vez un gran ejemplo de estas cosas: se lo selecciona de antemano, se arma el circo, historia de cinderella, historia de pasión, se lo promociona, gana el concurso con el jurado maldito, y todo el mundo compra el disco. No es sospechoso que todo el mundo compre el disco? A quién le puede gustar escuchar ópera luego de 100 años, luego de haber tenido que soportar los 3 tenores durante los últimos 20 años… La lección no nos la da Paul Potts, nos la da la producción de Britain’s got talent.

    Detrás de Paul Potts hay millones de personas que no vendieron ni venderán miles de discos, y que se sienten angustiadas por no pertenecer, y ni siquiera estar validados por sus familias. Y Paul, aunque quisiera, no podría volver a vender celulares anónimamente como antes. Si no era feliz antes, dudo que lo sea ahora, porque la exposición y la fama requieren de un nivel de energía gigante que él ha tenido que absorber de la noche a la mañana. Y como requisito indispensable, tiene que siempre mostrar una cara feliz. No puede mostrarse infeliz porque sería apedreado por desagradecido.

    No quiero decir que no sea feliz, ni que sea inmaduro… no es necesariamente así, pero qué importa? A alguien le importa Paul Potts? Sabe hacer la pirueta, bueno listo ya está, que pase el próximo.

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