Bio

Este soy yo…

En caso de que no tengas tiempo (o ganas) de leer demasiado, voy a hacértelo fácil. Mi nombre es Eduardo Remolins y ayudo a las empresas y las personas a adaptarse al cambio, es decir a innovar, para encontrar su mejor versión.

Soy directivo, consultor y conferencista y he escrito tres libros sobre innovación y emprendimiento. El último es Manual de Supervivencia para Dinosaurios Empresariales.

También he escrito docenas de eBooks, he creado juegos didácticos y hasta un test de perfiles emprendedores.

Me apasionan la economía y los negocios. Soy licenciado en Economía y estudié dos maestrías. Una en Economía en Argentina, mi país de origen y otra en Management de la Innovación y la Tecnología en el Reino Unido, un país que me encanta.

Soy un fanático de la libertad individual y un admirador del arte de balancear el trabajo y el estilo de vida. Por eso, entre otras cosas, vivo en Mallorca, cerca del mar y de la montaña.

Tengo una esposa y tres hijos que adoro y me entusiasma pensar en lo que tienen por delante. Creo que el que viene es un mundo de contrastes. De enormes desafíos y de enormes oportunidades también.

Creo que tenemos en las manos las herramientas y las capacidades para crear y gestionar empresas que prosperan en el medio del cambio y para vivir vidas libres y llenas de sentido, haciendo lo que más nos gusta hacer.

Todo se logra a su tiempo y gradualmente. Roma no se hizo en un día. Pero si lo que buscas es una de esas dos cosas, puedo ayudarte.

Todas mis credenciales profesionales puedes verlas con más detalle en mi perfil de Linkedin.

Algunas de las cosas que pienso las escribo en Twitter.

En mi página de Facebook suelo subir recursos y mantengo el contacto con toda la gente a la que le interesan las mismas cosas que a mi.

En Instagram subo las fotos que más me gustan.

Este es mi “yo profesional” pero detrás del economista hay una historia personal. Y si todavía tienes ganas de seguir leyendo y te interesa, estoy encantado de contarte.

… y esta es mi historia.

Comienza en Rosario, Argentina, en una familia integrada por mis padres, dos hermanos varones y yo. Aunque mis padres tienen ambos orígenes humildes, mi padre fue progresando rápidamente como empresario hasta labrarse una posición cómoda en la que crecimos mis hermanos y yo.

Cuando tenía siete años nos mudamos con toda mi familia a Quito, Ecuador, por motivos laborales: mi padre decidió fundar una empresa en ese país.

No viajamos del modo tradicional (pasaje en avión y taxi hasta el centro de la ciudad). Lo hicimos de otro modo: viaje en casa rodante, deteniéndonos en cuanto lugar bonito al lado del mar encontrábamos. Y hubo muchos, en un viaje de 5.500 km que duró un mes y medio.

Esa fue mi primera aventura y probablemente el episodio que me hizo tomar el gusto por los cambios. Aunque sufrí un poco durante esos dos años en Ecuador, también aprendí cosas que generalmente un niño a esa edad no tiene aún necesidad de aprender: la capacidad de adaptarse a lo nuevo.

Al regreso a mi país de origen (con otro viaje similar al de la ida), mi vida transcurrió más o menos agradable y apaciblemente hasta que a mis doce años mis padres se divorciaron. Para decirlo con palabras suaves el divorcio no fue del tipo amistoso, sino un suceso traumático y prolongado que marcó mi adolescencia.

Uno de los períodos más felices de mi vida fue la universidad, donde me anoté para estudiar la licenciatura en Economía apenas faltando semanas para terminar la escuela secundaria y solamente porque asistí a una conferencia de un economista que fue quién en realidad me hizo saber que esa carrera existía.

Me enamoré muy rápido de “la ciencia triste” (que no tiene nada de triste), e hice casi toda la carrera trabajando al mismo tiempo en el hotel de mi familia. Al finalizar decidí que quería perfeccionarme y partí hacia Buenos Aires para hacer una maestría en Economía y con la secreta esperanza de trabajar como consultor en el Ministerio de Economía, lugar al que mis compañeros de estudios y yo llamábamos “el cielo”.

Mientras estudiaba en Buenos Aires tuve la suerte de encontrar mi primer trabajo en una de las mejores escuelas de negocio de Latinoamérica, lo que me abrió la puerta a un universo muy diferente al de los economistas. El mundo del management también me sedujo y esto, combinado con mi pasión por la innovación que ya había desarrollado en la carrera de grado, me llevaría unos años más tarde a estudiar en Inglaterra gestión de la innovación y la tecnología.

Pero antes de llegar a ese momento, tuve tiempo también de encontrar un trabajo en el Ministerio de Economía (para cumplir el primero de mis sueños) y darme el lujo de dejarlo para tomar otro mejor en la Jefatura de Gabinete, algo así como la oficina del Primer Ministro en otros países.

Para un chico de 24 años era tocar el cielo con las manos. Aunque, por algún motivo, yo no estaba satisfecho.

Tenía ahora dos proyectos nuevos que me robaban el sueño. Uno, como dije, era estudiar management de la innovación en Inglaterra y el otro crear un think tank en mi ciudad para estudiar (y aplicar) todo lo relacionado con el desarrollo local y la innovación.

El primer objetivo lo logré al poco tiempo y el segundo… alguien se encargó de lograrlo por mi. Antes de viajar a Europa presentamos con un amigo y compañero de estudios un proyecto a una universidad local para la creación de un think tank, pero creímos que no había fructificado la idea.

Dos años después, cuando aún vivía en Brighton y llegó el momento de regresar a Argentina, mi gran sorpresa fue enterarme que ese instituto sí se había creado y que además me ofrecían trabajar en él.

Desde esa plataforma inmejorable fue que logré, durante varios años, muchas de las cosas que se fueron convirtiendo en mis nuevas metas y deseos. Desde tener mi propio programa de radio hasta escribir en los periódicos más importantes del país. Desde inspirar y ayudar a crear una de las organizaciones de empresas de tecnología más importantes de Latinoamérica, hasta ser un funcionario de alto rango en el área del desarrollo económico.

La última etapa de esta parte de mi vida fue la que me llevó a presidir una ONG dedicada a promover el emprendimiento, incursionando en el mundo de las “sin fines de lucro” y aprendiendo a hacer “fundraising”.

Esto me permitió conocer mundos interesantes y muy diferentes. Una semana estaba de gira en Nueva York, Boston o Palo Alto, entrevistándome con los filántropos americanos que nos financiaban y a la siguiente me encontraba dando un curso a emprendedores en el altiplano boliviano, el sur de Chile o la selva colombiana.

Desarrollé toda la creatividad de la que era capaz para formar a esos emprendedores, que eran nuestro foco de atención, y creé juegos didácticos y metodologías nuevas para enseñar a seleccionar ideas de negocio, validarlas y ponerlas en práctica.

Sin embargo, aunque desde fuera esto puede verse también como otra etapa de “tocar el cielo con las manos”, una serie de errores que fui cometiendo me fueron llevando a una situación en mi carrera y en mis finanzas personales, que nunca había experimentado.

Tanto cambio de rumbo y tanto apuro por cambiar e ir detrás de la última idea, del último sueño, finalmente me pasó factura. Cambiar es bueno y casi siempre inevitable. Pero es un arte hacerlo de la manera adecuada.

Una serie de traspiés me hicieron ir deslizando lenta pero continuamente por un tobogán, al final del cual llegué a estar en completa bancarrota y sin perspectivas en cuanto a mi carrera. O eso llegué a creer.

Había desperdiciado (al menos así lo veía yo), todo lo que había logrado en un tiempo relativamente corto. Había llegado alto y luego había caído aún con mayor velocidad.

Con esposa y dos hijos, más un tercero en camino, había tocado fondo económica y psicológicamente, y la sensación de “lo arruiné, ya no tiene arreglo” era abrumadora. El peso era demasiado grande.

Una mañana, mientras me duchaba me derrumbé emocionalmente por completo. Me sentía apabullado por la responsabilidad y la angustia de no ver salida o solución. No tenía trabajo y no veía perspectivas de encontrarlo.

En ese momento una voz conocida, mejor dicho un sentimiento o emoción conocido, comenzó a aparecer en mi. Un sentimiento de rebeldía. Un viejo conocido. Sentía rebeldía por esa situación, que no quería aceptar. No tenía por qué. ¿Por qué voy a aceptar esto? No lo voy a hacer.

Desde ese punto bajo de mi vida y usando esa rebeldía y determinación como combustible, comencé a rearmar mi carrera y mi vida. Volví a la educación y la vida me llevó a ser un profesor y consultor viajero que recorrió una docena de países dando clases y conferencias. Calculé que en pocos años recorrí 250.000 kilómetros, desde la Patagonia hasta Guatemala en docenas de viajes. Y las cosas volvieron a irme bien. Pero, por supuesto… yo no estaba conforme. 😀

Aunque hasta ese momento había trabajado por muchos años como consultor y tenía un buen grado de reconocimiento profesional, yo sentía íntimamente que no había demostrado (sobre todo que no me había probado a mi mismo), que yo podía hacer lo mismo que les recomendaba a mis clientes.

Para mi ser consultor comenzó a ser, inconscientemente, sentirme una suerte de impostor, alguien que receta teorías y se lava las manos. “Es tu responsabilidad que funcione”. Ese no era yo y ese no era mi estilo.

¿Te parece ridícula la preocupación? Puede serlo, pero aquí estoy contándote lo que pienso y las cosas que me motivan, así que tengo que ser sincero. 🙂

Viniendo de un hogar de emprendedores (padre y hermanos), donde se veneraba lo práctico y lo real, sentía que ser un consultor era quedarse demasiado en la teoría y desentenderse de la práctica.

Cuando se me presentó la oportunidad adecuada di el salto y me convertí en directivo en una de las empresas a las que asesoraba. Una pequeña multinacional de diagnóstico médico. De repente tenía mi primer trabajo en una empresa privada (no una universidad ni el gobierno), como gerente y a los 42 años. Raro.

Me hice cargo del departamento de investigación y desarrollo, al frente de 33 investigadores y técnicos, muchos de ellos con una sobresaliente formación científica en un área (bioquímica) en la que yo no había tenido ningún entrenamiento formal. Química era la única materia que odiaba en el colegio.

La apuesta no sólo fue arriesgada para mí sino también para la empresa, ya que no había antecedentes en esa compañía (ni en otra de ese tipo que yo conozca), en la que el área de I+D sea gestionada por alguien con un background en economía y management, en lugar de una formación en química o biotecnología.

Con la dirección de la empresa habíamos tenido muchas veces la sensación frustrante de planear cosas que luego no eran llevadas a la práctica por las personas que tenían el área a cargo.

Y esta era la oportunidad perfecta para cambiar eso.

Al comienzo las cosas no fueron fáciles, como suele pasar. Pero cuando completamos los dos años de trabajo (un tiempo muy breve para esta función), había sobrepasado holgadamente todos los objetivos que nos habíamos puesto.

Logramos desarrollar dos de los tres productos con mayores ventas de todo el grupo, el primer analizador automático totalmente diseñado in house, la primera app the mHealth (mobile health), completamos el desarrollo de los primeros kits de diagnóstico de biología molecular, entre otros productos.

Las cosas que apliqué y que aprendí en esa etapa están reflejadas en el libro que escribí para resumir lo que sé de gestión de la innovación en las empresas, con un enfoque, precisamente, “práctico”: Manual de Supervivencia para Dinosaurios Empresariales.

Un fin de año, durante la conferencia anual de la compañía, después de hacer mi presentación donde detallé todo lo que habíamos logrado ese año con mi equipo y de presentar in situ una decena de prototipos de nuevos productos y tecnologías, el fundador de la compañía, un hombre mayor, ya retirado y con una salud frágil, pidió hablar conmigo.

Esta persona, a quien yo admiraba mucho, me dijo con lágrimas en los ojos palabras que me emocionaron a mi también. Mientras me abrazaba y yo me esforzaba por que no se me humedezcan los ojos, no podía evitar pensar que en pocos días yo estaría fuera de la empresa.

Así es, durante ese año y en la cima otra vez de mi carrera profesional había decidido volver a cambiar. ¿Ves algún patrón en esto? 🙂

¿Por qué iba a hacerlo? Bueno, por un par de razones. La primera y la más importante: habíamos decidido con mi esposa, hacía unos años, hacer un cambio de vida. Comenzar de nuevo en un país diferente. Como el viaje de mi familia cuando yo era un niño.

Era buscar una utopía más, la última que me faltaba… o eso pensaba yo.

Me fui buscando más libertad (la que se perdía aceleradamente en mi país de origen) y un cambio en el estilo de vida. Tranquilidad y seguridad personal, sí, pero además otra forma de vida.

Tenía el éxito y el reconocimiento profesional, pero no tenía aún el estilo de vida que quería.

Hacía mucho que soñaba con vivir en una isla hermosa, cerca de la playa. Vivir un estilo de vida agradable, lleno de atardeceres en el mar y paseos en la montaña. Idílico, si. Pero… ¿realista?

De cualquier manera y guiado otra vez por un optimismo a prueba de balas, dejé mi empleo, mi casa, mi familia, mis amigos y una carrera de 20 años y nos instalamos en las Islas Baleares.

De nuevo, la cosa no fue fácil al principio. No fue, como pensaba, llegar y encontrar el paraíso servido para comenzar a disfrutarlo.

Llegamos a Mallorca en marzo de 2015 y al comienzo se me hizo cuesta arriba. Tan difícil que después de un par de fracasos iniciales, el estar en un país que no conocía y donde nadie me conocía, con una familia de tres hijos y sin perspectivas me puse bajo tanto estrés que mi salud se fue deteriorando y un buen día (o no tan bueno en realidad 🙂 ), desperté en un hospital.

Lo positivo de esa estadía en el hospital (si, casi siempre hay algo positivo en las cosas malas), es que tuve el tiempo y la tranquilidad de volver a reencontrarme conmigo mismo. Poner mis ideas y mis emociones un poco en orden.

Desde allí fui dando los pasos, uno tras otro, que me llevaron finalmente al lugar en el que estoy ahora y que era mi objetivo original.

Vivo en la isla hermosa que soñaba, cerca de la playa y paso muchos atardeceres en el mar, trabajo desde mi casa (aunque viajo con frecuencia), hago excursiones por la montaña y disfruto de vivir en uno de los lugares más hermosos de la tierra.

Pero, ¿sabes qué? ya no creo que esta sea la última utopía que me faltaba. El último sueño por realizar. Sé que pronto, en cualquier momento, se me ocurrirá otra cosa. Algo nuevo que perseguir.

Y sé también que es normal, porque nunca se llega a ningún lado. La vida es eso, una sucesión de deseos y de objetivos. Es todo camino, sin línea de llegada.

El truco es entenderlo y no estresarse, no ir corriendo detrás de cada capricho, tomárselo con calma, administrar el proceso de cambio… y disfrutarlo. Ese es, para mi, el secreto de la vida.
Sé que la vida seguirá poniéndome desafíos también. Pueden llegar mañana o el año que viene. Da lo mismo. Los desafíos tampoco se acaban. También hay un arte en saber sobrellevarlos.

Eso es la vida: cambio. Nada es estático, pero se puede disfrutar el proceso. Y aunque esto que te cuento es más una reflexión de un camino de crecimiento más espiritual y vital que profesional, también hay una disciplina, un modo de saber gestionar en tu empresa, en tu carrera o en tu vida personal, el cambio. El saber prosperar sin importar las condiciones. El saber aprovechar las oportunidades nuevas. Hay un saber, un know how y unas herramientas.

¿Para qué te cuento todo esto? En parte para que sepas quién soy y de donde vengo. Para dejar en claro que, más allá de los estudios y de la experiencia empresaria o como consultor, realmente vivo lo que digo.

Para ilustrar con mi propia experiencia lo que creo: que los sueños y los objetivos se pueden ir alcanzando. A veces con más facilidad y otras con algo de lucha.

No pretendo esconderme detrás de títulos o de un CV que impresione. Lo que tenemos para ofrecer, consultores, coaches o mentores, son no sólo conocimientos e información, sino la capacidad de acompañar el cambio que te dan tus experiencias vitales.

Si lo que buscas es una compilación de teorías de moda, aderezadas con estadísticas y casos de Harvard, entonces este sitio no es para ti. Tengo que serte sincero, si lo que buscas es un consultor al uso que te entregue después de seis meses un grueso trabajo de 50 hojas con el que luego difícilmente implementes algo, mejor ahórrate el tiempo y el dinero.

Pero, por el contrario, si lo que quieres es alguien con experiencia y conocimiento, que no predica sino que hace, para que te ayude y acompañe para adaptar a tu empresa a los nuevos tiempos, entonces hablemos. Sé que puedo ayudarte.

“No es el más fuerte el que sobrevive, ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta al cambio”

Charles Darwin

25 pensamientos sobre “Bio”

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  7. Eduardo, me alegra tu comentario…..A veces es casi casi imposible dedicarse desde el estado municiapal a tareas referidas a impulsar emprendimientos….. Lo padezco dia a dia.
    Saludos rosarinos
    Cecilia

  8. Eduardo Oscar Merino

    Estimado Eduardo.
    De paso por Rosario leí tu columna “Etiquetas rosarinas en el mundo” y debo confesarte que los raros, al menos, ya somos dos.
    Yo también hurgo las etiquetas pero además tengo prioridades para las compras. Producido en:
    1. Rosario
    2. Santa Fé
    3. Argentina
    4. Mercosur
    5. Latinoamérica
    6. Resto del Mundo (o sea China)
    Por lo tanto en casa la leche, quesos y derivados son de Sancor, el té de La Virginia / Cachamai, los fiambres Paladín, mi Seguro de Retiro es de San Cristóbal y si compro un freezer será Gafa.
    Te escribo porque hace rato que me ronda una idea, la que pienso encajaría para ayudar a contestar la pregunta con que cerrás tu nota.
    El resto del país y el mundo están llenos de rosarinos (o rosaferences que se educaron en Rosario) y que no sólo son músicos, escritores o periodistas, sino profesionales de la medicina, la ingeniería, etc. que ocupan posiciones en Directorios o Gerencias de primer nivel de empresas nacionales y multinacionales.
    Personalmente me desempeñé laboralmente en Xerox y Telecom. Ambas llenas de rosarinos.
    Por ejemplo, en BsAs la Dirección Ejecutiva de Telecom en los años 90 estaba a cargo de una ingeniera rosarina que hoy dirige, desde Roma, el Programa de Alimentos para el Mundo de la ONU.
    El 30% de su staff era rosarino o formado en Rosario, como quien armó Arnet, otro que desarrolló la Telefonía Pública y yo que tenía el Mktg de los 3.000.000 de clientes residenciales
    Un ex-compañero del secundario es un conocido cardiólogo en USA y otro, en Phillips USA, desarrolló mas de 30 patentes en diagnóstico por imágenes
    Debe haber cientos o miles así, también en la política (Basta pensar en Tierra de Fuego).
    Muchos, si no todos, mantienen algún vínculo familiar o de amistad con la ciudad.
    ¿Y si generamos en ellos la idea de, desde su lugar, hacer algo por Rosario?
    Con sólo la difusión del boca a boca de las virtudes y realizaciones de la ciudad ya ayudan.
    Y si están en buenas posiciones en que toman o aconsejan decisiones de inversión, de desarrollo, de compra, etc., excelente.
    Se podría generar una base de datos, pensar en un medio de contacto y difusión, etc.
    ¿Y si nos juntamos y “masajeamos la idea”?
    Al volver a BsAs tuve dos buenas noticias: Ver en VIVA una nota a la joven periodista Valeria Schapira y en El Federal dos notas, una de biotecnología y otra de turismo (pesca) en Rosario.

    Eduardo O. Merino
    L.E. 6 035 483
    eomerino2@fibertel.com.ar
    011 15 6268 9674

  9. Eduardo me parece excelente tu idea y no sólo la había considerado sino que llegamos hace un año a planear algo como lo que decís. Yo conozco lo que hace Rosario Express (la serie de notas de la “diáspora R”)o la municipalidad que armó un sitio ad hoc. Pero sepodrían hacer otras cosas, estoy de acuerdo con vos. Contá conmigo para ayudarte en lo que pueda.

  10. Eduardo!

    Felicidades por tu blog! Haberlo dicho… te hubiera puesto en mi blogroll mucho antes!

    Poneme unas letras y conversamos sobre la manera web2.0 de tener colaboraciones mutuas y bilingues!

    un abrazote
    -Richard

  11. Hola, me pareció un blog muy interesante, hay muchos artículos muy buenos, espero leer tu libro pronto, estaba precisamente buscando información sobre gastronomía molecular y di con la página pero tengo ciertas dudas sobre algunos datos.

    Antes de leer aquí sobre Ferran Adrià como inventor de este estilo culinario había encontrado esto:

    La Gastronomía Molecular es la aplicación de la ciencia a la práctica culinaria y más generalmente al fenómeno gastronómico. El término fue acuñado por el científico francés Hervé This y por el físico húngaro Nicholas Kurti. Ambos investigadores trabajaron sobre la preparación científica de algunos alimentos: Nicholas Kurti dio una charla en el año 1969 en la Royal Institution denominada “The physicist in the kitchen”.

    Mas adelante decía que la gastronomía molecular es más conocida probablemente por sus mayores expositores, Ferran Adriá y Pierre Gagnaire.

    Luego de todo esto debo decir que resulta confuso el dato sobre la invención de este estilo, me gustaría salir de dudas.

    Gracias!

  12. Omar, ignoraba el origen del término. Tu explicación fue muy interesante. Con respecto allibro, ya está disponible como eBook en Lulu.com http://www.lulu.com/browse/search.php?search_forum=-1&search_cat=2&show_results=topics&return_chars=200&search_keywords=&keys=&fSearch=remolins&fSearchFamily=0&fSubmitSearch.x=0&fSubmitSearch.y=0 y en versión impresa en Amazon o Tematika http://www.tematika.com/libros/negocios_y_cs__economicas–10/economia–3/global–3/negocios_locales_oportunidades_globales–456883.htm .

    De todas maneras, ojo que no es un libro de Gastronomía Molecular! La uso sólo como un ejemplo de nicho de negocio innovador y diferencia (de eso SI es el libro 🙂 )

    Saludos

  13. Eduardo, te consulto acerca de si podes agregar mi blog a tu listado de blogs recomendados y yo haré lo mismo. Espero tu rta, EXCELENTE el blog, y tu “informalidad economica” mejor aun.
    Saludos

  14. Pingback: PaP Blog » Archivo » Competir no es bueno

  15. Estimado Eduardo
    Muy asombrada por su creatividad e innovacion haciendo uso de esta maravilla que es la informatica.Lei el diario La Capital del dia de hoy. Junio 22 y me gustaria me imforme como poder conseguir alumnos. Soy Profesora de Ingles, especializada en fonetica moderna, dado que se la necesidad de los alumnos de contar con este conocimiento siempre que conozcan quien lo imparte.Soy trabajadora independiente, hace poco que vivo en Rosario y tambien recientemente estoy conociendo los usos de la informatica.En espera de vuestra respuesta al respecto, lo saludo cordialmente. Muy lindo lo suyo y adelante!!

  16. Hola Eduardo, mi nombre es Esteban Saluzzo, tengo 28 años y soy estudiante de Comercio Exterior. Te comento que dentro mi formación también soy profesor de Educación Física. Si bien son profesiones muy distantes en su campo de acción te cuento que con la corriente emprendedora que se está desarrollando y las lecturas afines busqué la manera de integrar estas dos disciplinas en mi vida.
    No es novedad la importancia y la gran actividad comercial que hay en nuestro país y en el mundo alrededor del deporte, asi que por ahí lo estoy planificando, mirando cuanto evento deportivo se organiza, escuchando a los especialistas en esta nueva “especialización” dentro de la administración de empresas y la gestión como es el sport business.

    Te felicito por el blog, siempre sigo tus notas asi como también las otras páginas web de Opinión Sur y ONG Sur y Norte, Procentro puntualmente.

    Me interesaría mucho establecer contacto con los miembros de Procentro, me interesó el tema del voluntariado y lo enriquecedor que puede ser interactuar con personas con visión emprendedora y de otras profesiones.

    Me encantó tu libro, al que recomendé dado que trabajo en una librería y releo frecuentemente.

    Te agradecería cualquier información al respecto, aprovecho la oportunidad para dejarte mis saludos.

    Atte.

    Esteban Saluzzo

  17. Hola Esteban. Me parece muy interesante e inteligente la forma en que estás vinculando tus dos estudios. Comparto que el potencial de ese área es enorme. Si trabajás en una librería fijate si encontrás o podés pedir un libro muuuuuuuy viejo que se llama “Lo que no le enseñarán en la Harvard Business School” de un tal Mc Cormack, Mark H., creo. Es un abogado y prácticamente el abuelito de las empresas de representación de deportistas, de management comercial, de imagen,de eventos, etc. En primer lugar el libro está lleno de tips valiosos y prácticos para hacer negocios, pero en segundo lugar cuenta casi la prehistoria de lo que querés hacer.

    Me alegra que te gusten las columnas y artículos. Con respecto a Procentro y el voluntariado, lamentablemente Procentro finalizó sus actividades. En este post http://enpiyama.wordpress.com/2008/07/30/otra-etapa/ lo comenté y puse la presentación de lo que se consiguió en estos tres años. Podemos quedar en contactoo, sin embargo, por otras actividades que comienzo a desarrollar ahora, siempre ligadas al emprendedorismo y la innovación en los negocios. Una de esas actividades son los cursos on line que comenzarán en octubre y otra un posible micro en TV. Te mantengo al tanto.

    Saludos

    Eduardo

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