Sicología del inversor: 5 cosas sorprendentes que hacen los mejores inversores

la sicología del inversor

Cuando se habla de inversiones y de las mejores estrategias para hacerlas, es común que se le recomiende a todo el mundo un conjunto de pautas que se consideran la mejor práctica. Sin embargo, no todos tenemos el perfil que hace falta para ser inversores de éxito. Se requiere una sicología especial.

Por supuesto, no estoy diciendo que no se pueda invertir nuestro dinero siendo asesorados o ayudados por aquellas personas que sí tienen esas habilidades y perfil. Lo que propongo es que no es muy efectivo tratar uno mismo de convertirse en un inversor de éxito si no tiene las características que se requieren.

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Y una última aclaración: cuando hablo de inversión aquí me refiero específicamente a lo que se denomina “inversión de valor”, es decir el tipo de estrategia que desarrollaron y dominaron inversores como Benjamin Graham y Warren Buffett. Apostar a empresas de gran valor (aunque circunstancialmente su precio no sea muy alto) y mantener esos activos por períodos muy prolongados de tiempo. Inversión de largo plazo.

Para realizar ese tipo de actividad con gran éxito se requieren estas cinco cosas:

Ir a contracorriente. Muchos dirían que es la más obvia, pero es también la más difícil de cumplir. La verdad es que la mayoría de los administradores de fondos de inversión tienden con frecuencia a converger en sus estrategias de inversión (es decir, hacen todo lo contrario), simplemente por una razón de supervivencia.

Son empleados, al fin y al cabo, y sus errores se pagan, a veces con el despido. Distinto es, por supuesto, si “todos nos equivocamos”. Llevar adelante la misma estrategia de inversión que el resto de la manada, los protege de las consecuencias indeseables de sus errores. Los protege a ellos, no al dinero invertido.

Por el contrario, un inversor como Buffett (o como cualquier gran inversor en la historia), tiende a hacer lo contrario que el resto. En 2008, visitó Madrid en el momento en que las bolsas se desplomaban y declaró, sin ruborizarse, que era un buen momento para invertir. Por supuesto, lo hizo y con muy buenos resultados. Graham lo expresaba así: “Comprar cuando la mayoría de la gente, incluyendo los expertos, estén pesimistas y vender cuando sean optimistas”.

Quizás la metáfora más cruda y brutal de esta enseñanza sea la que solía repetir el Barón de Rothschild de “comprar propiedades cuando haya sangre en las calles”. Buffett, que es una persona bastante más agradable, prefiere ilustrarlo diciendo que hay que ser codicioso cuando todos tienen miedo y tener miedo cuando todos son codiciosos.

sicología del inversor: buffett

Warren Buffett

Mostrar sangre fría. Sir John Templeton, otro de los grandes inversores de la historia tenía como una de sus 16 máximas de inversión “No te asustes”. Es lógico, este es un negocio en el que por más análisis que se haga, hay riesgos. Y los riesgos o las tormentas que se desaten en el mercado no pueden hacernos olvidar nuestros objetivos de largo plazo o empujarnos a tomar decisiones apresuradas y bajo presión.

Buffett lo explica así: “Si no puedes ver cómo tus acciones pierden un 50% sin entrar en pánico, no te dediques a las inversiones.

Ser “perezozo”. Esta es una forma exagerada de decir que la elevada actividad no es buena consejera cuando se trata de inversiones. Hay que hacer la tarea y analizar bien donde se pone el dinero, pero una vez tomada esa decisión, no se puede mover la composición de cartera de manera obsesiva o compulsiva, al calor de los movimientos de corto plazo del mercado.

No es sencillo abstenerse de hacerlo. Templeton recomendaba: “hay que invertir, no especular”. Aconsejaba no entrar y salir de acciones simplemente porque se movieran unos pocos puntos.

Buffett, por otro lado, es un inversor al que nada ni nadie ponen ansioso y se inmiscuye poco en la gestión de las compañías en las que invierte. Es famoso por haber dicho que la mayor parte del tiempo su trabajo consiste solamente en esperar que suene el teléfono (es decir recibir una oferta atractiva de inversión) y que, cuando lo hace, suele ser un número equivocado.

Es por eso que sentenciaba: “Gran parte del éxito puede atribuirse a la inactividad. La mayoría de los inversores no resiste la tentación de comprar y vender constantemente, pero la piedra angular debe ser el letargo, bordeando la pereza”.

Visión de larguísimo plazo. A esta altura es algo que ya no hace falta explicar. Buffett solía decir: “nuestro período de tenencia de acciones ideal es ´para siempre`”. Ese es el perfil de un inversor de valor, de largo plazo. Recomienda siempre fijarse no en los resultados anuales de las compañías, sino en los promedios de cuatro o cinco ejercicios.

Como en el primer caso, esto se entiende rápidamente. Lo difícil es ponerlo en práctica.

Descubrir tendencias. Este es un punto interesante. La mayoría de los que hacen inversión de valor se refieren en este caso a identificar empresas que van a generar consistentemente valor a largo plazo. No a adivinar la dirección general del mercado, la economía o las elecciones.

Templeton recomendaba: “compre valor, no perspectivas económicas”. Tendencias y patrones en la actividad y crecimiento de las empresas sí. Apuestas políticas o económicas generales, no.

La capacidad de descubrir patrones y tendencias es justamente, una de las que definen el perfil emprendedor de un inversor. Corresponden a las personas “sensoriales” (como los negociadores o los traders, también) y son lo opuesto totalmente a los perfiles emprendedores intuitivos (innovadores, evangelistas o arquitectos), que están más interesados por “lo que debería ser”, lo que van a crear (productos, sistemas empresariales o marcas), más que por “lo que es”.

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Es por eso que conocer tu propio perfil emprendedor (tu propia sicología) es tan importante. No todas las actividades económicas son para todos. Este no es un artículo para animarte a que inviertas, es uno escrito para animarte a que te conozcas primero.

 

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