Todos saben de qué estoy hablando. De empresas como Uber o Airbnb y muchas más que aparecen todos los días tratando de emular sus exitosos pasos.

Básicamente de lo que se trata esto (también llamado Consumo Colaborativo), es de que millones de personas puedan poner a disposición de otros millones, servicios que antes eran provistos por empresas especializadas. Servicios como taxis (Uber) u hoteles (Airbnb). El sharing (compartir) viene a cuento de que estas personas ofrecen compartir lo que tienen, sus coches o casas, solo que… te cobran por eso!

No hace falta que aclare que el modelo me parece magnífico. Crea valor para millones (proveedores y consumidores) y compite eficazmente con los proveedores tradicionales. A ellos (hoteles y taxis) por supuesto no les cae tan simpático el modelo, como antes le pasó a otras industrias. Es el caso de las editoriales o la de la música que aún están reinventándose en un escenario cambiante de servicios P2P, Print on Demand y música por streaming.

Sin embargo, no hay más alternativa que adaptarse y aprovechar lo mejor del nuevo escenario. Del éxito de estos nuevos modelos dan cuenta los números del financiamiento que están recibiendo.

En este documento puede consultarse como le ha estado yendo a cada uno. A la sombra del éxito rutilante de las compañías ya mencionadas, pueden verse más de 230 cuyo fondeo combinado excede los 12.000 millones de dólares.

Este auge es la contracara del valor que estas empresas crean:

1. Para los propietarios u oferentes, un medio para monetizar sus activos (coches, casas, apartamentos, etc)

2. Para los usuarios, una opción, más económica y a menudo mejor, para hacerse de esos servicios

Todo esto posibilitado por la tecnología. La posibilidad de crear una plataforma (un marketplace), en el que ofrecer algo, mostrarlo, buscar clientes, cobrar y calificar tanto a vendedores como a compradores. ¡¡Un mercado!!

El punto es: ¿qué tiene esto de “compartido”? No más que el pan que el panadero comparte con nosotros… si le pagamos lo que nos pide. No más ni menos que cualquier otro negocio. Esto del “sharing” me huele a intentar pasteurizar o lavar algo que por otro lado es absolutamente lícito y muy positivo.

Esta es la definición de Wikipedia: “El movimiento del consumo colaborativo supone un cambio cultural y económico en los hábitos de consumo marcado por la migración de un escenario de consumismo individualizado hacia nuevos modelos potenciados por los medios sociales y las plataformas de tipo peer-to-peer (red-entre-pares o red-entre-iguales).”

¿Eh? ¿Consumismo individualizado?

¿Porqué tanta culpa con vender algo?

Quizás se deba a que, dado que compiten con empresas existentes en el mercado y que claman al Estado para que ilegalice a los nuevos oferentes (a veces con éxito), disfrazarse de “colaborativo” pueda darles cierto handicap. ¿Será así?