Huracanes y logística


El martes a la mañana el hotel anunció que el agua estaba subiendo en el canal y que los huéspedes debían usar unos brazaletes que los identificaban. Habían comenzado los saqueos y se escuchaban algunos tiroteos. A partir de ese momento sólo se serviría una comida al día y los empleados avisaron que el generador de emergencia sólo tenía combustible para una hora más. A los que tenían auto les recomendaron que abandonaran la ciudad lo antes posible, aprovechando que las rutas hacia el oeste parecían estar abiertas todavía.

Diana Jackson sufrió todavía unas cuantas horas más hasta que pudo abandonar Nueva Orleáns el 30 de Agosto de 2005, días después de que el Huracán Katrina se ensañara con la ciudad. Los equipos de rescate tardaban en llegar y el procedimiento de evacuación mostraba más de una grieta.

Mientras el Gobierno Federal comenzaba a enfrentar la pesadilla logística de rescatar a una ciudad a través de puentes rotos, rutas inundadas, aeropuertos cerrados y vías ferroviarias cortadas, Wall Mart le daba al mundo un ejemplo de inteligencia y preparación que no se iba a olvidar fácilmente.

Cuando Katrina era apenas una depresión tropical en el Atlántico, la empresa concentró el tiempo que tenía en prepararse para el desastre eligiendo rutas alternativas de transporte y depósitos de emergencia, usando un software desarrollado en la misma empresa. El huracán puso en evidencia que la enorme fortaleza de su cadena de abastecimiento está en su flexibilidad, inclusive una vez que la mercadería está en tránsito. En efecto, cada camión está equipado con computadoras conectadas en red, que les brindaron información y permitieron redireccionar la carga hacia cualquier destino durante toda la crisis. Como resultado, la cadena de supermercados superó mucho mejor la emergencia que el propio Tío Sam.

El resto del artículo este domingo en Start Up, la columna de La Capital.

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