El innovador es como un técnico de fútbol

La creatividad es una aptitud personal. Un deporte individual. La innovación es más un juego de equipo. Es por eso que el que conduce u orienta el equipo tiene un rol fundamental.

¿Es el más creativo el que conduce? Puede serlo, pero no necesariamente. No siempre el técnico de un equipo de fútbol fue el mejor jugador y sin embargo puede ser el mejor técnico.

¿Qué es entonces lo que distingue a un buen líder? La capacidad de sacar lo mejor de cada uno.

Se puede decir mucho sobre cómo lograr esto. Muchos apuntan a la capacidad de motivar, la habilidad para inspirar o incluso la exigencia que se plantea a los miembros del equipo.

Todo esto es cierto, en buena medida. Pero la forma en la que más influye en el rendimiento de un equipo un técnico o un líder, es saber ubicar a cada jugador en el lugar del campo en el que mejor rinde.

Terminé de entender esto cuando en uno de mis trabajos me hice cargo de un área en la que había una persona (profesional y trabajadora) que estaba a punto de ser despedida. De hecho me recomendaban que la despidiera o que pidiera su traslado a otra área. «Sácatelo de encima», me dijeron.

¿El problema? Pronto me di cuenta que era simplemente que no estaba jugando en su puesto. Era una persona dinámica, con gran iniciativa, velocidad para el trabajo, flexibilidad, creatividad, capacidad de vincularse con distintas personas y áreas de la empresa.

Pero había sido destinada a un trabajo que requería de él orden y un trabajo minucioso pero en cierta medida repetitivo. Se le pedía lo que menos tenía y se lo juzgaba por eso. Estaba frustrado y estresado. Como resultado de esa situación la relación con algunos de sus compañeros no era la mejor. Todo eso era lógico.

Había otra persona (que demostró, cuando le dimos la oprtunidad, tener una capacidad y creatividad fuera de lo común), que también había sido relegada a un trabajo rutinario, que desmerecía sus capacidades y que también estaba a punto de ser echado o transferido.

En realidad, toda el área era un equipo en el que los arqueros jugaban de mediocampistas y brillantes delanteros habían sido puestos como marcadores laterales. A los creativos les pedían precisión y consistencia y a los ordenados y metódicos, creatividad.

¿Cuál era el resultado? Gente frustrada, asustada, a veces incluso un poco resentida por las críticas que recibían y, lo peor de todo, algunos comenzando a dudar de sus propias capacidades. Comenzando a dudar de su propio potencial.

El juego de un líder (en un equipo de innovación o en cualquier otro equipo), es el de sacar lo mejor de sus jugadores. Su talento es hacer brillar el talento de sus dirigidos.

Su obligación es conocerlos, descubrir sus habilidades, creer en su potencial más que ellos mismos y ayudarles a recuperar su confianza y autoestima, ubicándolos en el puesto que más se destacan.

Suele llevar algo de tiempo, porque la gente se olvida de dónde suele jugar mejor y pierde la certeza de su propio valor.

Pero una vez que se encuentra el equipo y que el correr de los partidos les va dando confianza, no hay quien los detenga.

Para el que dirige no hay nada más satisfactorio que ayudar a desarrollar el potencial de los otros. Es un placer que muchos deberían probar.

Las personas que estaban a punto de ser despedidas o que estaban subestimadas en trabajos que los mantenían a la sombra, terminaron siendo mis jugadores más valiosos. Y yo, por supuesto, el técnico más feliz. Así los triunfos se disfrutan el doble.

(Este artículo corresponde a la presentación Innovación en 360º).

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