¿El fin del motor a explosión?

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Adelanto de la columna del domingo en La Capital

Tecnológicas: 1, Automotrices: 0

Eduardo Remolins

Una vieja leyenda urbana cuenta que Bill Gates dijo en una conferencia “si los fabricantes de autos hubieran hecho lo mismo que los fabricantes de computadoras, estaríamos manejando autos de 25 dólares que recorrerían 250 km con un litro de nafta”.

Supuestamente General Motors respondió: “Si los autos se hicieran como las computadoras, se detendrían en cualquier momento, sin ninguna razón aparente y Ud. tendría que apagarlo y encenderlo nuevamente, y en caso de choque el sistema de airbag le preguntaría ´¿está seguro?´ antes de dispararse”.

La guerra de ironías parece estar a punto de terminar y las computadoras ganan. Finalmente las empresas de tecnología se lanzaron a producir automóviles y, para mejor, ¡deportivos! Tesla Motors (www.teslamotors.com) lanzó su modelo Roadster, un automóvil totalmente eléctrico que alcanza los 100 km por hora en 4 segundos.

La compañía fue fundada por Martin Eberhard, un veterano del Silicon Valley que la organizó como a sus hermanas informáticas: Tesla solamente diseña y prueba un conjunto de piezas que son fabricadas y ensambladas en el resto del mundo.

Uno de los secretos del Roadster son las baterías, el punto flojo de todos sus primos desarrollados por compañías automotrices tradicionales. Eberhard le puso a su modelo baterías de las que se usan en computadoras laptop, de mayor rendimiento y menores períodos de carga.

El Roadster puede hacer 400 km sin recarga y en tres horas y media se carga totalmente, simplemente conectado al tomacorriente de la casa a un costo de menos de un centavo de dólar por kilómetro.

Si bien este modelo cuesta unos 100.000 dólares, para 2009 Tesla ya tiene planeado el lanzamiento de otro modelo de entre 50.000 y 75.000 dólares que competiría con la serie5 de BMW. De ahí en más la dinámica seguramente será la que rige en la industria de las computadoras: cada vez más por cada vez menor precio.

Cuando los motores a explosión sean sólo un recuerdo nos preguntaremos: “¿cómo pudo durar tanto un motor ruidoso que emitía gases tóxicos? La solución a nuestros peores problemas quizás esté más cerca de lo que pensamos.

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